El golpe de Estado del pasado 1 de febrero de 2021 en Birmania, trajo consecuencias devastadoras, y la peor de ellas, la privación de libertad y torturas en la cárcel de Insein. El periodista Danny Fenster, de los Estados Unidos, es una de las víctimas, quién se encuentra más de 170 días en prisión..

Según el diario El Mundo de Madrid: «primero fue arrestado en virtud de una ley del código penal que tipifica como delito «publicar o hacer circular comentarios que causen miedo… Danny Fenster es un periodista estadounidense que trabajaba como editor jefe en la revista Frontier Myanmar, que cuenta con una web de noticias locales en inglés y tiene su sede en Rangún, capital económica de Birmania, ahora conocida como Yangón. Su revista ha sido uno de los medios más críticos con la junta militar que está en el poder».

Como Fenster, se calcula una cifra de 6.000 presos políticos en Insein, y además de las torturas – consistentes en vendarles los ojos a las víctimas y pegarles con un palo si se niegan a responder – se reportan casos de habitaciones con más de 100 presos apiñados que no pueden ni moverse.

La Declaración Universal de los Derechos Humanos, el Derecho Internacional de los Derechos Humanos, parece no alcanzar su eficacia en las dictaduras de muchas regiones del mundo. ¿Es éste un motivo para desfallecer en el intento de hacer más justa y humana la coexistencia de los individuos?.

Mi impresión es que el diseño actual de los órganos de gobierno en muchas latitudes del mundo, y el mundo en su conjunto, precisan – como diría Hebert Arbuet Vignali – de una Constitución Planetaria de naturaleza vinculante, idea que también propuso el filósofo del derecho Luigi Ferrajoli, en el afán de superar las trabas jurisdiccionales nacionales.

 

 

 

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