Los problemas coyunturales y espinosos que vive Bolivia no son nuevos, y por ello, tampoco ajenos a la historia del país. La generación presente, reclama más que nunca – según constato – un vuelco de timón, e institucionalizar Bolivia, fundar una auténtica democracia, sobre principios y valores que tiendan al respeto de la dignidad humana y los derechos humanos. San Román, Arce Gómez, y muchos otros más contemporáneos y anteriores, son figuras despreciadas por las nuevas generaciones debido a su actitud reñida con los derechos fundamentales.

El número de habitantes con educación primaria, secundaria y terciaria en Bolivia aumentó, debido al incremento poblacional durante las dos últimas décadas. Con una estimación de casi doce millones de habitantes el 2021 (según la Enciclopedia Británica), el país no es el mismo que en el siglo XX y principios del siglo XXI.

A lo anterior se suma que la globalización, el flujo de información constante, la mundialización de la comunicación a través de medios digitales, la concepción multicultural y no etnocéntrica del mundo en los niños y jóvenes bolivianos, clavará su mirada siempre en un nuevo rumbo: la restauración de la República y sus principios, la unidad nacional y la democracia liberal. Los mítines de las pititas, son solamente una escasa prueba de ello. No fueron solamente un reclamo juvenil y popular frente a hechos reñidos con la ley; sino también voces que ansiaban libertad, justicia, unidad en la diversidad bajo una misma tricolor, y en definitiva, democracia.

La tasa de crecimiento de la población boliviana es una de las más altas de América Latina. Según la misma Enciclopedia Británica, el año 2019, las personas comprendidas entre los cero y veintinueve años representa casi el sesenta por ciento de la populación total de Bolivia. Un hecho no menor, tomando como ejemplo que en Uruguay, para contrastar la figura, en ese mismo período de vida, solamente existe un cuarenta y tres por ciento, aproximadamente.  

En suma, Bolivia más temprano que tarde, y ante todo las generaciones jóvenes y las futuras, materializarán una auténtica democracia, conocedores de todos los males presentes y de antaño, y nutridos – como nunca antes en la historia republicana – de un enorme caudal de conocimiento e información. 

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