La guerra de Putin

Transcurrieron varios días desde la invasión no provocada de Rusia a Ucrania; tiempo suficiente para hacer una valoración personal y colectiva a la luz de los acontecimientos.

Vladimir Putin ha caído en su ambición perversa y desmedida de poder. Ya lo hizo antes, durante las invasiones a Georgia y a Crimea, respectivamente, por citar algunas de sus incursiones bélicas en terceros países. La temeridad del ex agente de la KGB no parece tener límites, y parece estar dispuesto a acabar con todo a su paso hasta la toma definitiva del territorio ucraniano.

Todos coinciden, al menos en Occidente, que es preciso finiquitar la guerra y de imperiosa necesidad la “ruina imperial” de Putin, para afincar el establecimiento de la paz y la democracia en Europa, amenazada como nunca antes se había visto desde el final de la Guerra Fría. En la misma línea, Jonathan Littell, para el periódico El País de Madrid, escribió que la única manera de salir de esta crisis es hacer que el fracaso de Putin en Ucrania sea tan desastroso para Rusia y sus legítimos intereses que a su propia clase dirigente no le quede más remedio que destituirlo.

Rusia amenaza una y otra vez, ya no solamente a Ucrania y países vecinos como Finlandia y Suecia, sino a otros que conforman la OTAN. Quizás esto le importa poco o nada al canciller ruso, Serguéi Levrov, quién ha vaticinado una escalada de la violencia. Estas ínfulas de grandeza imperialista e imprudencia verbal, sumadas a la mente intemperada de Putin, no hacen sino avivar zumbidos de miedo y desesperanza en una parte de la población mundial. Sin embargo, creo que como aseveró algún momento la propia diplomacia rusa, estamos también frente a una guerra de otro tipo: una guerra psicológica implementada desde Moscú. Perversa, maniatada a costumbres arcaicas, y cuándo no salvajes.

Por todo ello, una vez se reestablezca la paz en Ucrania y la retirada total de Rusia, Putin debe marcharse. Al igual que Littell, también amo profundamente a Rusia, que nos legó hombres y mujeres justos y libres, y coincido que es tiempo de imponer un orden democrático en este país.

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