ARTE-ZEN

Hace casi tres años atrás tuve la oportunidad de apreciar en el Museo de Arte Contemporáneo de Curitiba (Brasil), una muestra de arte asiático que difundió peculiaridades de la cultura japonesa, china, coreana, tailandesa, etcétera. Allí observé con admiración las distintas representaciones del Buda, originario de India, llevado luego a China y Corea, y desde este último país a Japón.

Años antes, el 2011, conocí por primera vez un centro zen en Montevideo: Zendo de la Flor Dorada, de tradición Soto Zen, ubicado en la calle Hugo Pratto, del barrio Parque Rodó. En ese lugar, compartí mis experiencias en India con el maestro Daniel Marighetti, y los otros practicantes del zazen. Lo que más me llamó la atención de aquél lugar, era sin duda la armonía y minimalismo de sus formas. La cultura japonesa, y en particular el soto zen, ha concitado desde entonces mi interés.

En lo que sigue, haré un sucinto resumen de la pintura Zen, que encontré en mi biblioteca.

Durante el periodo de Asuka, el principal acontecimiento fue la introducción y la progresiva difusión del budismo (624 d.C.), decisivo en la formación del arte nacional japonés. Como dije, la llegada del Buda a tierra nipona tiene un punto de referencia con el envío de una gran estatua de bronce dorado del Buda desde Corea al emperador Kimmei. Poco después, la religión oficial adoptada en Japón, aunque al principio con algo de recelo, fue precisamente el budismo.

Sin embargo, el zen, y más propiamente el arte zen, llegó a Japón recién en el siglo XIV. En 1333, un noble jefe militar, Ashikaga Takauji, fundó un nuevo gobierno que sucedió al de Kamakura y tuvo su sede en Kioto. En ese período, otra influencia venida de China cobró relevancia: el budismo zen, el cuál se difundió extraordinariamente durante el tiempo a sí llamado “Muromachi”, y dejó la huella de sus ideales y tendencias en numerosas manifestaciones de la vida social.

Con el período Muromachi, en efecto, la influencia de la civilización china se hace sentir nuevamente en el Japón, donde nace un tipo de pintura monocroma claramente inspirada en los modelos de la época Sung. La difusión de dicha pintura se halla estrechamente relacionada con la creciente importancia adquirida en la vida japonesa por el budismo Zen, donde era conocido con el nombre de Ch´an. Muy a menudo los pintores son monjes que regresan de viajes a China con preciosos ejemplos de pintura.

Los adeptos al Zen eran depositarios de una noble doctrina moral y de una cultura refinada que tenía sus orígenes en India y llegaba a Japón a través de China, donde se había enriquecido apreciablemente. Los frecuentes contactos con el mundo chino permitieron a los Zen japoneses alcanzar el vigor y la maduración de su mundo espiritual.

LOS PINTORES ZEN

Después de la época de Kamakura no hubo un nuevo desarrollo artístico propiamente tal dentro del budismo. Pero sí se afirmó en el zen, la pintura paisajista hecha con tinta monocroma o con tenues veladuras de color, que tienen su origen en la China de los Sung. La evidente derivación de los modelos chinos no impidió a algunos maestros Zen revelarse como artistas de excepcional calidad. Tales son los casos de Josetsu, de su discípulo Shubun y especialmente de Sesshu (1420-1506) considerado como el más grande exponente japonés de la pintura ejecutada con tinta. Los paisajes de este artista revelan una sorprendente variedad de estilos, constantemente acompañada por una elevada calidad técnica.

Muromachi: Sesshu Toyo (1420-1506): Paisaje Invernal. Museo Nacional de Tokio.

Poco posteriores a Sesshu son: Kano Massanobu y su hijo Motonobu, iniciadores de la escuela Kano, que fue protegida por la corte y produjo numerosos artistas en los siglos siguientes.

Otro gran representante de la pintura monocroma japonesa fue el monje budista Kenko Shokei, conocido como Kei Shoki porque había desempeñado el cargo de shoki (es decir, secretario) en el Kenchoji, uno de los cinco monasterios Zen de Kamakura. Sus paisajes a tinta se relacionan con la tradición nacional iniciada por el monje Shubun. Éste supo aprovechar ampliamente la admirable lección de estilo de los maestros chinos y consiguió no perder de vista la realidad concreta del tema descrito. La directa inspiración de Shokei en la naturaleza da a sus paisajes una fuerza y un vigor muy expresivos e intensos.

Moromachi: Paisaje. Rollo vertical de Kenko Shokei (1478-1518), tinta y colores leves sobre papel. Museo Nezu. Tokio.

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