La tentación de San Antonio Salvador Dalí

Los hombres son personificación del silencio
sellan pacto con demonios, ángeles o dioses
atraen prostitutas marinas a su lecho de sal
desnudan pasiones, besos, sollozos y lamentos
candelabro inacabado por el que sólo sale espuma
espuma de guerras y más muertos que el resto
de los mortales en su paso por el mundo.

También ellos, los hombres, son como la arena
que viaja por los siete mares y sus luces encendidas
que se difumina tras quedar sórdido el paso
de los años y la madera de sus ataúdes compactos.

La vida florece cuando vuelven de la guerra
resucitan años perdidos por el destierro y el exilio
construyen con los árboles ataúdes para sus difuntos
petrificando la vida, petrificando el paso del tiempo.

Los souvenirs, las fotografías, el Facebook e Instagram
mueren algún día sin dejar rastro, rostro de piel cautiva
mar incansable de laúdes finos, clavicordios y manantiales
montaña de cerezos sin condición ni pausa anquilosada.

Los hombres son seres de barro y fragmentarios huesos
la harina de la mañana tras la noche cristalina
los temibles cuerpos de Goliat en sus durezas
las hortensias, Nostradamus, Cristos crucificados
profetas, reyes, señores, esclavos y plebeyos.

La comadrona que dirige un cuartel de súbditos
la televisión dramática, sus llantos cósmicos
ciudad del espectáculo, mar de sonidos graves
los hombres que personifican títeres
creando tras de sí solamente incordios.

Hombres de Biblias, tarots, magia, cuento y poesía
los hombres beben ensoñación en esas manos
acribilladas por hombres que son espinas
que sólo enmudecen con las armas y la guerra
la palabra, la memoria, la cautivante sal de mayo
en el que los vivos mecen a sus muertos por infortunio.

(Mauricio Ochoa Urioste. Canto líquido).

One Comment

    • Jose Ochoa

    • 6 meses ago

    Muy bueno el poema, felicitaciones Mauricio

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