Mayo sinfín

El mundo con sus esquivos prefacios

como el caudal de un río fluorescente

que se abre en mitad del cielo

y toca con sus dedos

la raíz inmuta de la llaga.

Sol de doce abriles

ha pasado mucho tiempo ya

desde el embarco en otra nave

ajena a los sentidos cósmicos

presente en la constelación

de una vida sin libros ni anaqueles.

Atisbo sin cesar el trueno infinito

de esos ojos que me miran.

Renazco en ellos

pero al renacer, perezco en un sueño

tan profundo como inhumano.

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