Octavio-Paz

Confieso que escuché primero a Neruda, pero ciertamente, y en esto Octavio Paz tuvo razón, el poeta chileno fue en cierto modo un poco destemplado; salvo en sus voces leves y profundas de los primeros años de obra poética, que son más que versos, un canto sideral, un canto líquido, un canto eterno y bautismal. Debo admitir, además ya sin rubores que sin embargo amo por igual a Neruda, a Paz, y a Borges. Sin ellos, en el Cementerio Británico de Montevideo, mi lecho precipitado hubiera sido – ¿quién lo sabe? – la tumba.

El azar electivo del que hablaba André Breton, hizo que como Paz yo también anduviera por las calles de París y Nueva Delhi. Aunque en este último lugar tan sólo estuve un mes, pude comprender mejor a los grandes poetas iberoamericanos de talla mundial, en la música india, y especialmente en los ghazals de Jagjit Singh, que ciertamente, y tal como dijo el poeta mexicano, tienen un alcance asimilable a la obra de Johann Sebastian Bach. La poesía es también algo de locura. En una extensa entrevista a Octavio Paz desarrollada por Manuel Ulacia, y publicada en la revista Vuelta en octubre de 1988, el nobel afirmó:

…(arte y locura)… son dos dominios independientes pero fronterizos… Ni los poetas ni los artistas están locos pero se necesita cierta locura para escribir poemas, pintar cuadros o componer sonatas. Y hay algo indudable: gracias al arte, podemos vencer a la locura…

Algo llamativo es que Paz dijo en esa entrevista no sentirse competente para escribir sobre la música. “¡Ben ça alors!”, me dije. ¡Si toda la poesía de Paz es, precisamente y nada más que música!. Y para el gusto mío, que es ciertamente poco posmoderno y si muy decimonónico, no precisamente jazz o música popular española, que tanto atraían al maestro mexicano. Tan sólo comparable quizás es la poesía de Paz, al Concerto para Piano “El Emperador”, de Beethoven. ¿Por qué hago esta afirmación?. Hay varias razones lógicas.

En primer lugar, el silencio, o los silencios del poeta, acompañados con la llaneza y siluetas intempestivas, son expresivos del segundo movimiento de esta obra musical. En efecto, el Adagio Un Poco Mosso, es la expresión universal de la introspección en imágenes que inician Piedra de Sol, y otros tantos versos que ha dejado Paz a las letras hispánicas:

 Un sauce de cristal, un chopo de agua,
 un alto surtidor que el viento arquea,
 un árbol bien plantado mas danzante,
 un caminar de río que se curva,
 avanza, retrocede, da un rodeo
 y llega siempre:
 un caminar tranquilo
 de estrella o primavera sin premura,
 agua que con los párpados cerrados
 mana toda la noche profecías,
 unánime presencia en oleaje,
 ola tras ola hasta cubrirlo todo,
 verde soberanía sin ocaso
 como el deslumbramiento de las alas
 cuando se abren en mitad del cielo,
 un caminar entre las espesuras
 de los días futuros y el aciago
 fulgor de la desdicha como un ave
 petrificando el bosque con su canto
 y las felicidades inminentes
 entre las ramas que se desvanecen,
 horas de luz que pican ya los pájaros,
 presagios que se escapan de la mano…

La musicalidad en Piedra de Sol es vasta, inabarcable y sublime.

La genialidad en Paz es por otro lado, auténticamente musical. Cada verso, cada haiku, cada expresión experimental de sus versos, son básicamente el silencio y el piano con orquesta tocado suave y prodigiosamente ya no con la raigambre nacionalista de un Chopin o un Wagner; sino con un universalismo que llega al rincón más profundo de cualquier ser humano. En paráfrasis, constato también que luego del silencio y el Adagio Un Poco Mosso con el suave piano que tramonta los confines del Universo, vibra con potente fuerza resonante el primer movimiento beethoviano de la obra musical precitada:

Voy por tu cuerpo como por el mundo, 
tu vientre es una plaza soleada,
tus pechos dos iglesias donde oficia 
la sangre sus misterios paralelos

Es tan sólo un ejemplo del júbilo y el enigma de la orquesta vibrando con todos sus vientos, cuerdas y percusión.

Es en India, dónde Octavio Paz, encontrará finalmente su terruño musical de la mano de su amigo Narayan Menon. Y es verdaderamente allí, sí, inocultable su preconsciente musical arraigado, cuando escribe:

Música de metales y maderas
 en la celda de Dios
     matriz del templo
 Música 
 como el agua y el viento en sus abrazos
 y sobre los sonidos enlazados
 la voz humana
 luna en celo por el mediodía
 estela del alma que se desencarna

Pero no sólo es Piedra de Sol una constatación de la música en verso; sino también muchos de sus otros poemarios. Paz mismo lo admite:

Como el mandala, Blanco tiene una “entrada “ y una “salida”. La entrada es el silencio antes de la palabra; la salida, el silencio después de la palabra, una vez convertida en música. Esta peregrinación del lenguaje que es el poeta que es el lector se realiza en el cuerpo del poema, que es el cuerpo de la mujer que es el cuerpo del cosmos. El abrazo de los cuerpos es como la cópula de las dos sílabas en las que se compendia la oposición universal: Si y No. La cópula produce música y la música se resuelve en silencio. Los dos cuerpos son las dos sílabas que

Son
     esta noche
         (esta música)
 Mírala fluir
     entre sus pechos caer
 sobre tu vientre
     blanca y negra
 primavera nocturna
     jazmín y ala de cuervo
 tamborino y sitar
 No y Sí
 juntos
     dos sílabas enamoradas

Al final, Paz terminará admitiendo que es un ser musical universal por antonomasia, cuando afirma que algunos ragas “le hacen oír en otra dimensión a Bach”, y en el momento que concluye – conjuntamente con Fernando Savater – que la poesía es el origen de lo sagrado. Cuando Manuel Ulacia pregunta: ¿crees en la reencarnación?. Paz, contesta: “creo en la música”.

Y sí, Paz es el poeta de la música y la locura superada – ¿o no? – por el verso.

Publicado en Octavio Paz: música, silencio y locura – El Mono Gramático (elmonogramatico.com)

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