Una reciente y notable disertación del jurista y catedrático uruguayo, Heber Arbuet, en el marco de la Maestría en Derecho Internacional Público de la Universidad de la República, plantea desafíos, interrogantes y problemas, en una mirada sobre los orígenes, el desarrollo y el porvenir de esta disciplina. A continuación, resumo las partes más salientes de esta disertación.

El fundador de la Escuela de Montevideo, Eduardo Jiménez de Aréchaga, tuvo una nueva forma de entender y aplicar lo que históricamente sucedió tras la Segunda Guerra Mundial, y la firma de la Carta de la Organización de las Naciones Unidas de 1945: lo que hoy se conoce como derecho internacional público (DIP).

Para Arbuet, el derecho, obligatorio para todos, se respalda en algún tipo de institución, siendo necesario que sea coercitiva la norma para ser considerada como jurídica propiamente. La coerción es una fuerza institucionalizada e independiente de las partes y funciona – en el ámbito del DIP – lo quieran o no las partes.

Los principios de la Carta de la ONU son básicamente la igualdad soberana de los Estados, la buena fe y la no contradicción. Por el principio de igualdad soberana de los Estados se sustituye el concepto de soberanía de Estados – que había sido desde Bodin la definición mayoritaria – y por ello se hace jurídico este instrumento internacional. La soberanía del Estado tan presente en el precitado autor, se halla presente, por ejemplo, en la consolidación del Estado francés.

Ciertamente, con el concepto de soberanía de los Estados no puede haber más que derecho interno.

El principio de igualdad soberana de los Estados, dice Arbuet, se halla justamente en la Carta de la ONU: dicha soberanía está sometida por primera vez en la historia al derecho internacional, porque hay una sanción al Estado que lo vulnere. En las reuniones de San Francisco, que precedieron a la firma de la Carta, acota el maestro uruguayo, había una corriente iusnaturalista, otra realista, y aquélla que representaba la realpolitik, es decir, a los Jefes de Estado. Nace de esta participación de intereses, el Consejo de Seguridad.

Con relación a los límites del derecho internacional público, Arbuet no es partidario de hablar de su fragmentación tan comentada hoy. Para el jurista uruguayo, los tratados y costumbres que no integran el DIP, propiamente tal, son el derecho comunitario y el derecho internacional de los derechos humanos; siendo esta última no una rama del DIP, sino un sistema paralelo, pues al momento de su creación tiene un sujeto diferente. En este sentido, son ramas del DIP, el derecho diplomático y consular, y el derecho internacional humanitario.

El DIP, es un sistema de coordinación, estructura y subordinación pura. Este sistema puede verse, por ejemplo, en la Comunidad Helvética. Aparece con las ideas de los ideólogos del Contrato Social, verbigracia, Jean Jacques Rousseau; mientras que para Hobbes no hay un sistema de coordinación, pues los sujetos delegan todo al monarca. Se puede ver antecedentes de este sistema en la obra de John Locke, para quién los sujetos no lo delegan todo, y son partes y protagonistas del sistema; lo mismo ocurre, con el DIP actual, donde los Estados tienen esta calidad.

Problemas del DIP

En el momento de debate de la Carta de la ONU, manifiesta el profesor Arbuet, los Estados soberanos no querían realmente pactar: la idea que los motivó a la firma de este acuerdo era – básicamente – establecer las bases institucionales para que no haya otra conflagración bélica como la Primera y la Segunda Guerra Mundial.

De lo anterior se desprende, que siendo los tratados y la costumbre fuentes del DIP, el aislamiento absoluto sería la sanción más drástica a quien no es parte de la ONU. Sin embargo, vemos una debilidad del sistema: si bien el Consejo de Seguridad de la ONU puede emplear la fuerza legítima e imponer sanciones, ello no nos garantiza una nueva hecatombe o “volver a las cavernas”.

De ahí que para el jurista uruguayo sea necesario un sistema “más comprometedor”. Si bien nota que hubo avances en este sentido hasta finales del siglo XX, los atentados de las Torres Gemelas, supusieron una paralización de las mejoras.

Hoy, el sistema jurídico de la ONU es débil: el Consejo de Seguridad es oligárquico, clasista, y no es real. Un ejemplo de ello es el veto de Rusia y China que ha impedido tomar medidas más severas frente al gobierno sirio.

La otra debilidad del DIP es la solución pacífica de controversias: no hay una jurisdicción obligatoria, salvo la de la Corte Internacional de Justicia y la Corte Penal Internacional. Por ello se infiere la necesidad de apuntalar hacia una supranacionalidad del sistema jurídico universal, en un sistema parecido al de la Unión Europea o al derecho internacional de los derechos humanos.

Propone Arbuet, frente a las dificultades y desafíos antes expuestos, la elaboración de una Constitución Universal y pasar así, quién sabe, a un sistema de coordinación mixta, que suponga abandonar el DIP que estuvo pensada para una determinada coyuntura histórica: la Segunda Guerra Mundial y la caída del Muro de Berlín. El objetivo no es otro que encontrar la paz perpetua…

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