«El voto no mata a nadie. Estas elecciones son gracias a dios una señal, un compromiso de los nicaragüenses de votar por la paz y no por la guerra y el terrorismo», sermoneó sin rubor el candidato dictatorial – Daniel Ortega – a Nicaragua, según Daniel Lozano, corresponsal de El Mundo de España, el 7 de noviembre de 2021; fecha en la que se celebró el circo de unas nuevas elecciones amañadas y fraudulentas para perpetuar en el poder a un presidente que lleva ya veinte años en el poder, sólo superado por otros tiranos, de la talla del barbudo y siniestro Fidel Castro, o la bestia, Alfredo Stroessner.

Ortega tiene ya entre sus salvajadas a 300 víctimas mortales el 2018 tras una protesta – de las muchas que hubo en contra de su gobierno -, 158 presos políticos contados hasta el 7 de noviembre de 2021, y una innumerable cantidad de exiliados.

«Estas elecciones no se pueden legitimar, el mundo las debe desconocer. Repudiamos este circo electoral. Que la foto de los asesinos aparezca en las boletas electorales lo dice todo», resumió para El Mundo Yadira Córdoba, miembro de las Madres de Abril, a la cabeza de la gran protesta que hoy protagoniza el exilio en San José de Costa Rica. Los paramilitares reventaron la cabeza de su Orlando durante las protestas de 2018. Sólo tenía 15 años.  

La brutalidad del régimen sandinista – aliado incondicional de sus pares de Cuba, Venezuela y, muy lamentablemente, Bolivia – debe reflexionar el tipo de rol que le toca a la comunidad internacional. Al parecer las condenas de Human Rights Watch, y otras oenegés, gobiernos, y organismos internacionales, no es suficiente. Imagino, que ante tal adversidad, la comunidad internacional debería optar por estudiar una intervención militar en la zona – tal como se hizo en muchos lugares del planeta asolados por la violencia y el terror – y paralelamente asilar en embajadas a la mayor cantidad de solicitantes de asilo diplomático, sin perder de vista que el Tribunal Constitucional español, ha ratificado también la posibilidad de acudir al sistema de asilo en sus embajadas, cuando la vida del solicitante corre peligro.

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